martes, 1 de julio de 2014

Una droga dura aceptada socialmente

La Organización Mundial de la Salud considera que el alcohol es una droga dura por sus consecuencias sociales. Posiblemente la peor de todas las drogas. De hecho es la única cuyo síndrome de abstinencia puede provocar la muerte. Todo el mundo sabe los problemas y desgracias que el alcohol causa en la sociedad: maltrato familiar, divorcios, peleas, accidentes de tráfico y laborales, incapacidades, enfermedades, suicidios, crímenes cometidos bajo sus efectos, etc. Pero como su consumo está aceptado e incluso promovido socialmente bastantes personas no lo consideran una droga. Además hay una gran estructura económica en torno al alcohol: el Estado recauda mucho dinero con el impuesto que lo grava y a la numerosa gente que vive de él no le interesa que el consumo se reduzca y lo publicita. Aunque afortunadamente su publicidad en televisión es cada vez menor. Sin embargo todavía pueden verse anuncios de bebidas destiladas en vallas publicitarias y en Internet.
  
   La mayoría de las personas comienza a beber alcohol en la adolescencia. Los fabricantes de bebidas saben el tirón que tiene el alcohol entre la juventud y enfocan su publicidad hacia ella. Los jóvenes se inician en su consumo en fiestas o celebraciones, por ser aceptados en el grupo, por parecer adultos, etc. El caso es que cuando llevan varios años habituados a beber en demasía todos los fines de semana pueden desarrollar una adicción, aunque muchos no lo crean. El alcoholismo tiene grados y existen alcohólicos de fin de semana. Y también hay personas que pueden estar sin beber un mes o más, pero el día que están deprimidas comienzan a beber de manera incontrolada. Aunque sin duda el caso más grave es el del bebedor diario que necesita su dosis a primera hora de la mañana. También hay personas que cuando tienen un problema beben para tratar de olvidarlo. No lo recuerdan el tiempo que dura la embriaguez, pero pasada la misma el problema vuelve a la mente y con los daños que ha ocasionado a la salud la excesiva ingesta de alcohol.


   Hay gente que piensa que el alcohol es menos perjudicial que el tabaco. Sin embargo no es así, ya que ambos tóxicos provocan un número similar de enfermedades. El alcohol afecta a todos los órganos, y muy especialmente al hígado, a los riñones, al corazón y al cerebro. España ocupa uno de los primeros puestos de Europa en mortalidad por cirrosis (cáncer de hígado), algo que no es de extrañar pues es uno de los lugares del mundo donde más alcohol se produce y se consume. La ingesta de alcohol también es responsable de una reducción de la esperanza de vida. Por ejemplo, en Rusia –un país desarrollado- averiguaron que la causa de la baja esperanza de vida (menos de 70 años) es el elevado consumo de vodka. Por otra parte las personas bebedoras tienen una menor calidad de vida, ya que son propensas a padecer infecciones. El consumo de alcohol provoca el debilitamiento de la especie humana y es causa frecuente del nacimiento de hijos discapacitados. Por estas y otras razones es preciso desterrar una serie de mitos que acompañan a la bebida. Ésta no es un alimento ni una medicina, sino un tóxico. No da fuerza, es solamente una impresión momentánea. Una vez que el alcohol entra en la sangre tiene efecto anestesiante. Tampoco es cierto que ayude a vencer el frío, pues tras la sensación inicial de calor al ingerirlo cuando llega a la sangre provoca una vasodilatación periférica y el calor sale por los poros de la piel, con lo cual favorece el enfriamiento del organismo. El alcohol se comporta en el cuerpo como un frigorífico, que enfría porque saca el calor de un habitáculo cerrado.
   
   Por otra parte, el alcohol causa alienación mental en las personas. Anula la capacidad crítica y adormece las conciencias. De ahí que los gobiernos prefieran a jóvenes reunidos haciendo botellón que en movimientos asamblearios como el 15-M. Los del botellón no piensan y los del 15-M hacían pensar. Y las personas cultas y con ideas son un peligro para los gobiernos. Para tener una mente lúcida es necesario evitar el alcohol, ya que provoca alteraciones de la memoria.  La atención, la asociación de ideas, el juicio y el raciocinio se ven afectados por la bebida. Por lo que para nada ayuda a discurrir. Que personas con gran talento -e incluso genios- hayan bebido no significa que discurrieran gracias al alcohol, sino a pesar del mismo. En definitiva, ni el talento, ni la alegría ni la felicidad están dentro de una botella. El alcohol no es más que un veneno altamente adictivo y una persona ebria es un ser intoxicado que no aporta nada bueno a la sociedad.


Publicado en Heraldo de Soria el jueves 3 de julio de 2014